Sábado, 9 pm, de mis ganas solo quedan reservas para visitar a mi queridisimo compadre. Al llegar al lugar nos reciben cálidamente el dúo dinámico formado por the greenMan & the porot, quienes cuidaban del amarillento y abatido ruludo. Combinamos efectivamente comida "rápida" y cervezas, además de organizar un domingo apasionante. Nos despedimos de la familia salteña y de un sábado que costará olvidar.
Primeros minutos del domingo -No doy mas!- letras van y vienen electrónicamente, carentes de sentidos y plagadas de confusiones. Resuelvo juntarme con un pibe descorazonado. "una rubia por favor", extenuado voy dando explicaciones, que quizás no debería, pero me sentí en el lugar del otro un segundo y no pude evitarlo. Tiro "la carne en el asador" y unos consejos para darle fin a la melancólica charla. 3am, por fin, a dormir.
Luces de domingo al mediodía, empieza la previa alba, hoy los sueños frustrados de 10 años pueden ser realidad. En el horno, un matambre va tomando color como la emoción por ver al equipo de mi corazón, el que no heredé de nadie, el que adopte por sentimientos propios, al que sigo y seguiré por siempre. Ya se escuchan los cantos, ya se ve a la gente marchando al estadio, ya esta listo el almuerzo. Con mi pequeña y miniclavero devoramos ese exquisito menú.
Y allá van (silverhawks)... rumbo a la cancha, lleno de sueños, cargados de ilusiones, entonamos los primeros cánticos. Ingresamos al estadio, que de a poco va cubriendo sus espacios vacíos. En la tribuna visitante, en la que me encuentro, se trazan los preparativos para una fiesta gigante.
Pitazo inicial!!! rueda la redonda junto a la euforia de casi mil hinchas esperanzados. Promediando la primera etapa llega el gol del celeste y blanco... los gritos resuenan a varios kilómetros del estadio. El sueño se puede concretar. Que cerca esta!!!
De repente el juego cambia de dueño y en una ráfaga nos encontramos abajo. No tengo tiempo ni para pensar, solo gritar y gritar esperando que alguna ayuda divina venga a salvarnos. Las jugadas se suceden pero nada cambia.
El juez vestido de negro marca el final y con el se van todas las energías que le quedaban al minioberto...
Adiós! una vez mas nos quedamos en lo puerta del ascenso. La vuelta a casa parece eterna. Y es que no me quiero ir. Quiero quedarme en el estadio para poder cambiar la historia. Lágrimas inundan mis ojos y mi alma.
Listo, que alguien le pegue un tiro para que deje de sufrir... y si tendría que elegir un momento para hacerlo, este estaría en mi podio.
De aqui en adelante, hasta el fin del bicentenario, queda una suma importante de renglones para contar, pero no tiene sentido. A mi alrededor solo gira la tristeza, y aunque por momentos muestro estar entero, el dolor se me escapa por los poros.
Allá voy, una y otra vez imaginando que no fue así, que todo fue una broma pesada pero que ya esta por pasar. Y Ahí estoy, en ese cementerio donde en días consecutivos enterré dos grandes ilusiones. Otra vez ahi, en ese maldito... BICEMENTERIO!!
Entrada Nº 547 "Un beso en la nariz"
Hace 13 años
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